Absueltos ayer, detenidos hoy: el péndulo de la represión en Venezuela
Por Leider | Circuito Noticias | Foto archivo AFP 11 de octubre de 2026
La semana pasada un tribunal absolvió al periodista Carlos Julio Rojas. Esta semana detuvieron a cuatro periodistas. Así funciona la justicia en Venezuela: suelta con una mano y aprieta con la otra.
Rojas salió en libertad plena el 8 de octubre. Lo habían acusado de terrorismo y de magnicidio en grado de tentativa. Pasó más de dos años entre audiencias, presentaciones cada 30 días y prohibición de salida del país. Era su quinta detención. El Sindicato Nacional de Trabajadores de la Prensa celebró el fallo y pidió lo obvio: que se acabe la judicialización de los periodistas.
Días antes también habían absuelto a Luis López y Gabriel González, dos periodistas más que cargaban procesos judiciales. Buenas noticias, decían algunos. Y entonces llegaron las otras.
Detenidos por informar
Luis Patiño, Jhonatan Bello, Dangert Zorrilla y Carol Romero fueron detenidos por hacer su trabajo: cubrir las protestas ciudadanas y las colas kilométricas para conseguir gasolina después de la dolarización del precio del combustible. No portaban armas. Portaban cámaras y grabadoras. En Venezuela eso basta para ir preso.
Es el péndulo de la represión: absuelven a tres y detienen a cuatro. La cuenta no cuadra, y no es casualidad.
La cuenta no cuadra
Porque la excarcelación no significa libertad, y la absolución no significa justicia. Significa que el aparato decide cuándo soltar y cuándo volver a agarrar. Hoy toca soltar a Rojas para la foto; mañana toca detener a Patiño para el escarmiento. Es el mismo guion con distintos actores.
Los números del Foro Penal lo dicen sin adornos: 322 presos políticos siguen tras las rejas (308 hombres, 14 mujeres; 182 civiles, 140 militares). De ellos, 170 —más de la mitad— están presos sin condena. En la primera semana de octubre no hubo nuevas encarcelaciones y hubo cinco excarcelaciones. Celebrarlo sería un error: la maquinaria no se detuvo, solo cambió de velocidad.
Esa es la trampa de los titulares optimistas. Cada absolución se vende como avance democrático y cada detención se archiva como exceso aislado. Pero no son hechos aislados: son el mismo sistema funcionando como siempre. Libera para aliviar la presión internacional y reprime para mantener el control interno.
Al periodista venezolano le toca lo peor de los dos mundos: si investiga, lo detienen; si lo absuelven, otro ocupa su celda. El mensaje se repite cada semana: informa bajo tu propio riesgo.
La represión no terminó. Solo aprendió a turnarse.


