En momentos de alta tensión política, la opinión pública suele verse inundada por interpretaciones apresuradas y análisis sin fundamento. Abundan las voces que se presentan como expertas, pero escasea la lectura seria del contexto y la comprensión real de la estrategia política y geopolítica.
Los gobiernos no revelan sus planes ni actúan mediante discursos literales. La política internacional se construye a partir de mensajes calculados, silencios estratégicos y procesos que se desarrollan con el tiempo. Pretender resultados inmediatos o conclusiones definitivas es desconocer cómo funciona el poder en los escenarios globales.
Durante años, muchos aseguraron que no habría acciones concretas contra el régimen venezolano. Hoy, frente a nuevos acontecimientos, esas mismas voces reinterpretan la realidad según conveniencia, sin atender al fondo del discurso ni a la retórica oficial. Se escucharon fragmentos, se amplificaron titulares y se alimentó la especulación.
La coherencia exige responsabilidad. No afirmar lo que no es, no anticipar desenlaces inexistentes y entender que los escenarios políticos no se improvisan ni se anuncian con claridad absoluta. La prudencia, lejos de ser pasividad, es una forma madura y necesaria de análisis.
Esperar, observar y comprender sigue siendo más sensato que opinar por impulso.
Leider Durán
Director | Circuito Noticias


