De Caracas a Mónaco: El recorrido culinario de Victoria Vallenilla

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Victoria nació en Caracas, Venezuela, pero su infancia estuvo marcada por constantes cambios de residencia.  Desde muy temprana edad vivió en distintos lugares como la Isla de Margarita, Barquisimeto, y por temporadas en Francia, lo que la llevo a adaptarse desde muy joven a diferentes entornos y a desarrollar habilidad con los idiomas. Aunque asegura conservar su acento caraqueño que, según ella, se le «pega» o «despega» dependiendo de la persona con la que hable.

Además del español, su lengua materna, habla inglés y francés con fluidez. Aprendió inglés viendo televisión y escuchando música, y luego lo perfeccionó a través de su trabajo y con su prometido. También habla italiano, idioma que aprendió escuchando a la gente en Mónaco, cerca de la frontera italiana, hasta que de repente pudo comunicarse sin problemas. Actualmente, está aprendiendo kurdo.

Descubrimiento vocacional

La educación primaria de Victoria se dividió entre Venezuela y Francia. Pero reconoce que la disciplina y el respeto por los profesores inculcados en Venezuela fueron de gran ayuda. La secundaria la cursó entre colegios en Barquisimeto y la Isla de Margarita, lo que la llevó a sentirse como una «gitana». Para Victoria, esta falta de arraigo se convirtió en una fortaleza, desarrollando una capacidad de adaptación increíble.

En la adolescencia, Victoria se inclinaba por el dibujo y las artes plásticas. Y aunque su familia la consideraba una persona creativa, cuando llegó el momento de decidir una carrera, se sintió un poco perdida. Quería estudiar arquitectura, pero su madre, preocupada por la situación en Venezuela y viendo la oportunidad de la nacionalidad francesa de Victoria, la instó a estudiar en Francia.

Por lo que llegaron a un acuerdo: si no quedaba en arquitectura en Venezuela, iría a Francia. Paralelamente, su madre la inscribió en una universidad de hotelería y restauración en Francia y la hizo tomar un curso de cocina en Venezuela para facilitar su admisión. No fue admitida en arquitectura, y se fue a Francia a hacer la entrevista para la universidad de hotelería, donde fue seleccionada.

El comienzo en Francia y el despertar culinario

Con casi 20 años, Victoria, llegó a Francia sola, sin conocer el sistema, por lo que el proceso de adaptación a esta nueva cultura fue muy duro. Sin embargo, su disciplina y respeto por los profesores, aprendidos en Venezuela, la hicieron destacar.

Y fue allí donde Victoria descubrió su verdadera vocación en la cocina. Durante sus estudios de hotelería y restauración, una carrera muy completa que abarcaba desde economía hasta derecho, se dio cuenta de su facilidad y rapidez en la cocina y se convirtió en una de las mejores alumnas en el área culinaria.

De pasantías al reconocimiento profesional

Cuando llegó el momento de las pasantías, Victoria decidió dedicarse por completo a la cocina, su primer reto fue en un palacio con una estrella Michelin en Evian, el Hotel Royal. Allí se destacó, se convirtió en la responsable de la sección de entradas en el restaurante gastronómico, un puesto de gran responsabilidad para una pasante. Esta experiencia la marcó, ya que por primera vez en su vida se sintió realmente buena en algo y le gustó sobresalir.

Esta motivación la llevó a dedicarse por completo a la cocina. Realizó sus segundas pasantías en otro restaurante Michelin en Francia, donde continuó aprendiendo y asumiendo responsabilidades. En su tercer año de estudios, un profesor la invitó a participar en un concurso llamado ¨Objetivo Top Chef¨, aunque inicialmente tuvo dudas por temor a fallar, aceptó.

Victoria se preparó durante seis meses para el concurso, dedicando innumerables horas a practicar y estudiar, compaginando sus clases, sus tareas y la preparación para los exámenes finales. Su profesor le enseñó una valiosa lección: «La cocina es 10% talento y 90% trabajo». Lo que la llevo a quedar en segundo lugar en el concurso, un logro impresionante.

Después de esa experiencia, Victoria empezó a trabajar en un restaurante con estrella Michelin en Mónaco, y allí logró un ascenso inmediato: de segundo comis a primer comis y luego a demi-chef en poco tiempo.

La creación de una identidad culinaria y el éxito en Coya

En un momento, Victoria se cuestionó su camino. Se dio cuenta de que, si bien era técnicamente excelente, sus platos carecían de «identidad», por lo que decidió que era momento de salir de la élite de los restaurantes Michelin para explorar otros horizontes. De casualidad, visitó Coya en Mónaco y quedó fascinada con la experiencia: la comida, el ambiente, la música, la decoración, todo era excepcional.

Comenzó en Coya como chef de partida confirmada, y su espíritu competitivo la impulsó a ascender rápidamente. Al año siguiente fue ascendida a junior sous-chef, y luego a sous-chef confirmado. A los 26 años, Victoria alcanzó un hito importante: se convirtió en la primera mujer chef y la más joven del restaurante Coya en Mónaco, tanto dentro de la Sociedad de la SBEM como del Grupo Dobus (al que pertenece Coya). Desde entonces, Victoria Vallenilla es la chef de Coya, dejando una huella significativa en el mundo de la gastronomía.

Lo que más le atrajo de Coya fue la libertad creativa que ofrecía, un contraste marcado con la rigidez de los restaurantes Michelin. Esta libertad le permitió fusionar ingredientes y técnicas, creando platos únicos.

Uno de sus platos más emblemáticos es el wagyu japonés servido con guasacaca, una salsa venezolana casera que, según ella, ¨complementa perfectamente la riqueza del wagyu¨, esta audaz combinación ha sido un éxito rotundo y es  un ejemplo de cómo Victoria infunde su identidad culinaria en cada creación, priorizando el sabor auténtico y la experiencia del comensal. Su cocina se basa en la sencillez de los sabores caseros, utilizando ingredientes de alta calidad y técnicas que realzan la esencia de cada elemento.

Entre los comensales que han disfrutado de su cocina en Coya se encuentran numerosas celebridades y figuras importantes, incluido el Príncipe de Mónaco. Victoria destaca que ha cocinado para estrellas como Jennifer López y Ben Affleck.

Taera: sabor venezolano en el Hotel de París

Hace dos años, el reconocido chef Alain Ducasse, uno de los más laureados de Europa, se acercó a Victoria con la propuesta de un nuevo proyecto en el Hotel de París en Mónaco. Aunque inicialmente se consideró un concepto de sushi, Victoria propuso algo que «contara su historia»: un restaurante de comida venezolana.

A pesar del escepticismo inicial de Ducasse, Victoria lo convenció con una degustación que incluyó arepas, pabellón y quesillo. Así nació Taera, que significa «fuerza» en el dialecto de los indígenas Guarao. Este proyecto fue un «pop-up» de un año que permitió a Victoria llevar un pedacito de Venezuela a Mónaco.

Para Taera, Victoria se sumergió en la creación de una cocina de sentimientos y recuerdos. A pesar de su éxito internacional, admitió que nunca había cocinado pabellón, por lo que recurrió a su nana, a la comunidad venezolana y a amigos chefs para recrear los sabores auténticos de su infancia.

El éxito de Taera trascendió las expectativas, atrayendo tanto a la comunidad latina como a la élite europea, Victoria enfatiza que su objetivo con Taera no era crear una alta cocina compleja, sino ¨ofrecer platos venezolanos auténticos y sencillos, como las empanadas con salsa de ajo y guasacaca, o el pabellón, tal como se encontrarían en cualquier arepera en Venezuela¨. Esta filosofía rompe con la solemnidad de los restaurantes gastronómicos, apostando por una experiencia culinaria relajada y disfrutable.

Superando las críticas

A pesar del éxito, Victoria ha enfrentado críticas en redes sociales, incluyendo comentarios sobre la autenticidad de sus platos o acusaciones sin fundamento. Sin embargo, su seguridad y convicción la han llevado a desestimar estas opiniones negativas. «Cuando tú sabes quién eres, tú pasas a otro nivel», afirma. Su principal objetivo es que sus comensales disfruten de la comida y la experiencia, sin las presiones de las etiquetas o juicios. Definitivamente su trayectoria es un claro ejemplo de cómo el talento, la dedicación y la autenticidad pueden llevar al éxito en el exigente mundo de la gastronomía. Éxito, que disfruta y comparte hoy en día con su faceta como esposa.

Producción: Leider Duran

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